Editorial Marzo 2018

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La mesa en Quito se encuentra en pausa por parte del gobierno; quien exige, para continuar en ella, muestras de la voluntad de paz del ELN; el problema es que a pesar de que el ELN dé muestras de voluntad (porque ¿quién no quiere la paz?); lo que realmente quiere el establecimiento, es el silenciamiento de los fusiles insurgentes y así, darle paso al saqueo y a la miseria que traen las multinacionales en los territorios en los que hacemos presencia. A eso hemos llamado “paz neoliberal”.

Piden “coherencia al ELN”, como si el haber pactado un Cese al fuego de 101 días hubiera sido firmar una desmovilización, y olvidan que en medio del Cese hubo violaciones, atropellos y que las pocas cosas a las que se comprometió el gobierno a hacer en medio del Cese, no se cumplieron y más bien se agravaron las situaciones.

Los presos políticos del Ejército de Liberación Nacional están en condiciones inhumanas y el genocidio de los líderes sociales llega a cifras impensadas. Juan Manuel Santos, sus ministros, el mando militar, los grandes medios, ponen el grito en el cielo y satanizan toda acción del ELN, llaman al respeto a la vida, se santiguan, desdeñan de la violencia; pero son los mismos que callan ante los casi 300 líderes y lideresas asesinados en el último año y aumentan la Fuerza Militar en los departamentos que más necesitan alivios humanitarios. Esos mismos que gritan, satanizan y desdeñan, que se erigen como defensores de la vida en todas sus formas y detractores de la violencia, venga de donde venga, como dicen sus clichés; planifican, desarrollan y celebran la muerte de luchadores populares que, como Camilo Torres, decidieron hacer parte del Ejército de Liberación Nacional. Parece que unas vidas de ciudadanos colombianos valieran más que otras y que, por el hecho de ser rebeldes y levantar la cabeza con dignidad, merecieran morir de cualquier forma.

Pensamos que el Estado oligárquico y neoliberal no tiene voluntad para cumplir los acuerdos pactados con la insurgencia, y mucho menos para cumplir su deber con el pueblo colombiano; no le interesa satisfacer las urgentes necesidades de los ciudadanos, como los son: salario digno, derecho al trabajo, salud eficiente y humana, educación con amplia cobertura, libre y gratuita, real reforma agraria que le permita al trabajador del campo sobrevivir y alimentar a las ciudades, igualdad entre hombres y mujeres, alimentación de los niños, tiempo libre, recreación, cultura y un sin fin de etcéteras que debe cumplir este “Estado Social de Derecho”.

Por el contrario, son los más ricos a los que favorece ese Estado y los gobiernos de turno; son los grandes terratenientes y sectores mafiosos de la economía los que ven satisfechas sus necesidades. Es el capital especulativo y financiero del sector económico, que pasa por muy buenos tiempos y ganancias inmensas, mientras el pueblo llano sigue en el rebusque tratando de apaciguar el hambre y la miseria que se cierne sobre campos y ciudades. Esa es la realidad cotidiana con la que cualquier habitante de este país convive o sobrevive. Cualquier persona, por distraído y “desinteresado por la política”, sabe que no; que el gobierno no cumple con el pueblo.

Cada vez las cosas son más difíciles para la gente; no hay nuevas fuentes de empleo, y los que tienen, se deben conformar con sueldos que no alcanzan para cubrir las necesidades familiares. El aumento salarial anual es una vergüenza y solo produce tristeza y decepción.

Sumado a esto, los índices de violencia e inseguridad en las ciudades van en aumento, y aquí no pueden echarle la culpa a la insurgencia. Dejan que los centros poblados sean controlados por las mafias del narcotráfico y el paramilitarismo. Cada día, los colombianos pagan vacunas hasta cuando compran las arepas, o cuando se van a hacer uso del transporte público.

Mientras este modelo no cambie desde la raíz, las cosas seguirán agudizándose; la pobreza aumentará al tiempo que la movilización popular, porque los sectores populares no se quedarán inactivos y seguirán desarrollando las justas luchas populares.

La pobreza y el subdesarrollo que aquí estamos viviendo no es tampoco responsabilidad de la insurgencia. Si a alguien hay que reclamarle es al Estado corrupto y arrodillado que va entregando a diestra y siniestra los elementos naturales de nuestra Nación; a las multinacionales que, sin importarles el bienestar de la gente o del ambiente, llegan a los territorios a saquear y a cambiar las costumbres y tradiciones que a lo largo de décadas las poblaciones han tenido y desarrollado.

Hacemos un llamado a la rebeldía, organización, movilización y lucha de todos los oprimidos en Colombia y el mundo. Somos los llamados a cambiar nuestras condiciones de vida; no podemos esperar que el gobierno corrupto de turno cumpla las promesas, que sabemos, se quedan en el papel. Somos un pueblo que lleva la resistencia y la rebeldía en la sangre, debemos continuar haciéndonos respetar a nosotros y a nuestros territorios. Exigiendo la soberanía y el poder de autorregularnos, construyendo el Poder, así sea desde lo pequeño, solidarizándonos con los otros que se encuentran en situaciones similares y siendo conscientes de la necesidad de cambiar, de cambiarnos. Portando siempre la esperanza de un mundo diferente, más justo, de iguales.

El ELN, con sus aciertos y errores, es uno de los espacios donde se concreta la lucha por ese mundo para todos y todas. Sabemos que no somos los únicos, ni los primeros, y que tenemos que “ser con otros”. Juntemos fuerzas, ideas y capacidades para que podemos ser más efectivos.

Para más información y contacto con el ELN en el Frente de Guerra Occidental Omar Gómez, visitamos en la web o búscanos en las redes sociales:

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